De samurai a verdugo

Armored samurai walking through a misty lantern-lit village with drawn sword

De samurái a verdugo

La ejecución era hoy. Los samuráis desertores estaban condenados a morir en manos del verdugo más veloz y temido del ejército japonés. Doce desertores cubiertos con capuchas blancas fueron decapitados uno a uno. Ninguno se movió y sus cabezas rodaban envueltas en los paños blancos manchados de rojo. Segundos antes de llegar al duodécimo encapuchado, este se quitó el manto. Miró fijamente al verdugo y se le aguaron los ojos. El verdugo se irritó tanto que le cercenó la cabeza con tal fuerza y velocidad que permaneció pegada a la nuca.

La víctima no parpadeó, lo siguió mirando con tristeza, mientras del cuello le chorreaban hilos rojos sobre su túnica blanca. Observó a todos los presentes y quieto expiró diciéndole sus últimas palabras:

—Padre, después de quince años en el exilio esperaba que me perdonaras.

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El arte sagrado de pausar, de Malena Noguera

El arte sagrado de pausar, de Malena Noguera

Una mirada literaria a la pausa consciente

Desde sus primeras páginas, Malena Noguera nos invita a emprender un viaje íntimo a través de una prosa clara, sensible y de notable belleza, acompañada de una poesía que amplía las emociones y reflexiones de sus experiencias.

La estructura del libro, enriquecida con hermosas fotografías de la naturaleza, conduce al lector por un recorrido de memorias, silencios y descubrimientos personales. Cada experiencia desemboca en una invitación a pausar conscientemente, a recuperar nuestro ritmo natural y a reconocer aquello que muchas veces dejamos pasar en medio de las exigencias cotidianas.

En un mundo dominado por la prisa, la autora nos recuerda la importancia de detenernos. La pausa adquiere así una dimensión casi sagrada: ocurre en ese espacio íntimo donde el cuerpo, la mente y nuestras emociones vuelven a encontrarse.

Una declaración que define su propuesta

Desde el comienzo, Malena expresa:

«No ofrezco un método ni prometo nada».

Esta sencilla afirmación constituye uno de los mayores aciertos del libro. La autora no pretende ofrecer una fórmula universal para superar el sufrimiento ni imponer una determinada manera de vivir. Comparte experiencias que primero transitó personalmente y deja en manos del lector la libertad de aprovechar aquello que pueda resultarle significativo.

Su propuesta nace de la experiencia, no de la pretensión de poseer respuestas definitivas.

Tres lenguajes que se complementan

La obra combina tres formas de expresión que se entrelazan con naturalidad.

La narración autobiográfica constituye su dimensión testimonial. Malena comparte experiencias, pérdidas y circunstancias que la llevaron a detenerse, observar su interior y descubrir nuevas maneras de relacionarse con la vida.

La expresión poética transforma esas vivencias en imágenes, símbolos y emociones. Sus poemas no se limitan a repetir lo narrado: amplían su significado y permiten acceder a una dimensión más íntima de sus reflexiones.

Las invitaciones a pausar representan la dimensión práctica del libro. Son ejercicios de reconexión que el lector puede realizar libremente, a su propio ritmo, sin exigencias ni resultados predeterminados.

La secuencia puede interpretarse como un recorrido de tres momentos: la experiencia de lo vivido, la poesía de lo sentido y la práctica de lo aprendido.

Esta estructura constituye, a mi juicio, uno de los principales aciertos literarios de la obra.

La naturaleza como lenguaje de vida

La naturaleza no aparece como un simple elemento decorativo. Es presencia, refugio y fuente de reflexión.

Malena utiliza sus imágenes para invitarnos a observar los ritmos de la existencia y comprender que detenernos también forma parte de nuestro recorrido.

En una de sus primeras páginas compara la lectura con una caminata por el bosque. Nos invita a entrar, avanzar despacio, detenernos cuantas veces sea necesario y regresar con frutos maduros y flores frescas.

Y entonces aparece una pincelada de humor profundamente puertorriqueño: la posibilidad de salir, por lo menos, sin picadas de abayardes.

Ese detalle cotidiano rompe delicadamente la solemnidad de la reflexión y nos recuerda que incluso en los momentos contemplativos hay espacio para sonreír.

Las fotografías contribuyen significativamente a esta experiencia de lectura. Tanto la portada como seis de las imágenes interiores son obra de Edna Isabel Acosta, cuya aportación visual merece reconocimiento.

Más allá de la autoayuda

Aunque el libro contiene ejercicios prácticos, considero que sería limitado clasificarlo exclusivamente como una obra de autoayuda.

El arte sagrado de pausar reúne memorias personales, poesía y reflexión contemplativa. Su punto de partida no es una teoría que la autora intenta demostrar, sino una experiencia humana que decide compartir.

Existe una diferencia fundamental entre prometerle al lector que determinada práctica lo sanará y reconocer que una experiencia personal nos ayudó a comprender mejor nuestra existencia.

Malena elige este segundo camino, y esa decisión le confiere autenticidad a su propuesta.

La poesía y el ritmo narrativo

Uno de los aspectos que más disfruté fue la integración de los poemas con las narraciones.

Lejos de constituir simples adornos, aportan nuevas dimensiones emocionales y simbólicas a las experiencias descritas. Las invitaciones prácticas, por su parte, surgen de manera orgánica y no interrumpen el ritmo de la lectura.

Su estilo se distingue por las oraciones breves, directas y claras. Utiliza un lenguaje accesible, imágenes naturales y un tono íntimo que invita a reflexionar sin imponer conclusiones.

Esa economía verbal resulta especialmente apropiada para una obra dedicada a la pausa: sus palabras parecen concederle al lector el espacio necesario para detenerse y pensar.

Una reflexión desde mi propia experiencia

Como escritor de cinco libros de literatura creativa publicados entre 2011 y 2026, y como pintor, encuentro una afinidad personal con algunas de las experiencias que comparte Malena.

La escritura y la pintura han sido para mí formas conscientes de interrumpir la rutina, explorar mis pensamientos y encontrar satisfacción en el acto creativo.

Comprendo, por tanto, que la pausa no necesariamente significa inactividad. A veces consiste precisamente en entregarnos a aquello que nos permite recuperar nuestro equilibrio interior.

En ese sentido, la propuesta de Malena trasciende sus experiencias individuales y abre un espacio para que cada lector reconozca sus propias maneras de pausar.

Consideración final

Malena Noguera ha encontrado una manera de transformar sus vivencias en tres lenguajes complementarios: contar, poetizar y compartir.

Cada uno aporta una dimensión distinta y, juntos, construyen una obra coherente, sensible y literariamente bien articulada.

Para tratarse de su primer libro, encuentro especialmente meritoria la seguridad con que organiza sus experiencias y las convierte en una invitación abierta al lector.

Terminé El arte sagrado de pausar con la satisfacción de haber leído una obra que no pretende enseñarnos a vivir mediante fórmulas, sino recordarnos que, en ocasiones, necesitamos detenernos para reconocer la vida que estamos viviendo.Porque pausar no siempre significa dejar de hacer. A veces significa comenzar a vivir con mayor conciencia de lo que hacemos.

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Anuncio pagado por Bandelier National Monument

Bat Tours—Speaking with Elders; Elder Bat's Corner; visitors and bat guide

Soy Pablo, el auténtico, uno de los ancianos de Bandelier. Si el anuncio dice que estás invitado a entrar a mi hogar, te están mintiendo. He tenido que soportar durante años la llegada de arqueólogos, fotógrafos, pintores, historiadores y turistas. A la verdad, a mi familia le incomoda que lleguen a nuestra casa forasteros.

Es cierto, tenemos las vistas panorámicas más bellas del planeta a una altitud impresionante. Pero te advierto que, aunque veas esas escaleras invitándote a entrar, ni la cueva ni mi pueblo las pusimos ahí.

Este es el cielo de nuestros ancestros y somos los ángeles que surcamos la oscuridad con orgullo de ser libres.  No temas, nuestros dioses nos han enseñado a compartir las bellezas que encierra silenciosamente nuestra oscuridad, pero la empresa de excursiones Bandelier Travel no es la más confiable, te lo asegura el murciélago real del monumento.

Este rincón es oscuro para los humanos, pero para nosotros está lleno de colores y matices. Te ayudaré personalmente a que disfrutes la travesía y descubras los secretos de este lugar encantado. No me queda otra, pues con inteligencia artificial han utilizado mi imagen sin mi autorización y no quiero perder mi prestigio. Esto es fraude digital.

Bueno, entras bajo tu propia responsabilidad…

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Contra viento y marea

Guests seated at candlelit tables during an elegant wedding reception

Los invitados permanecieron en silencio ante el desfile de la novia hacia el podio donde el cura, el novio y los padrinos esperaban. Victoria llegó con una sonrisa. Alejandro la levantó y la puso en el taburete decorado con tela de seda y rosas blancas.  La dama de compañía le acomodó la cola del traje.

Ella miró hacia arriba, él hacia abajo. Sus ojos llenos de felicidad lloraron. Al iniciar la ceremonia el cura movió su cabeza en zigzag hacia los novios. Todos los invitados y familiares quietos ante la escena que desbordaba sentimientos puros en el sagrado recinto.

La boda fue publicada en las revistas más prestigiosas del país.  Los videos y reels acapararon el primer lugar por tres días consecutivos.

Luego de un noviazgo de diez años y graduarse de doctores en psicología con honores, decidieron juntar sus vidas en matrimonio. Contra viento y marea él desposó a su vecina de la infancia que había nacido sin brazos… sin piernas.

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Confesiones de un sacerdote

Foggy cemetery with moss-covered gravestones beneath a crescent moon

—Oigo muchas voces en mi cabeza, parece como si estuviera en el cementerio.

—¿Cómo dices? Si en los cementerios solo se escucha el silencio.

—Sí, pero desde pequeño oigo los muertos conversando cuando entran al camposanto, aunque no los vea.

—Mano, no jodas, que estás en la iglesia.

—¿Y no es lo mismo?

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Autoridad divina

Candle burning on an altar inside a dark stone chapel
A solitary candle glows beneath stained glass in a shadowy stone chapel.

A pesar de que la monja alegó ser violada al quedar embarazada del capellán, la madre superiora no le creyó.

El silencio de esa noche se amparó en la quinta enmienda de la ley católica ante la confesión de los hechos al presunto violador. 

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Con el pasar del tiempo…

Open doorway to sunset valley beside phonograph labeled Hearthtide

En mi primer matrimonio la escuchaba, aunque ella a mí no. No paraba de hablar a menos que la callara a la fuerza.

Con mi segunda pareja fue distinto, compartía conmigo luz y color; comidas suculentas que hacían salivar hasta mis ojos. Me dio todo hasta sexo. Me condené a sus cadenas, cerré todas las puertas y me aparté del mundo real.

Se fundió. Y la sustituí también.

Abrí las puertas. A ti no tengo que dejarte entre estas paredes. Este tercer maridaje es único, tengo todo lo que las otras me daban, pero sin restricciones.

Bendita época, desde la radio hasta la IA. Ahora no solo puedo llevar a mi amada en el corazón, sino en mi celular.

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13 árboles de navidad

Director’s chair on a film set surrounded by lights, cables, and scripts

A Freddie solo le quedaban unas horas de vida. El cáncer de colon había triunfado. Sus padres se despidieron con las voces quebradas dándole besos en su cabeza raspada. Salieron del cuarto. Karl se quedó acompañándolo. Se subió a la cama, lo abrazó y le dijo que lo amaba. De pronto…

—¡Corten!

Entraron corriendo el camarógrafo, el director y los ayudantes, la maquillista y todos los personajes secundarios del set. Freddie salió de la habitación. El periodista avanzó y se le fue detrás. Sacó su grabadora y suplicó unos segundos.

—Freddie, por favor, necesito despedirme.

Freddie se detuvo y se viró. Ambos se miraron con los ojos aguados.

—Freddie, no te preocupes por mí, voy a estar bien, aunque sea nuestra última navidad. Puedes irte en paz.

—Karl, lo superarás. Yo también te amo.

—¡Corten, excelente actuación! —exclamó el director con lágrimas en sus ojos.

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Caballete en compás de espera

Blank canvas on an easel surrounded by brushes, paints, and palettes

Yo con la mente en blanco y tú repleto de ideas y colores.  Me abandonas tan pronto como coloreas cada rincón de mi existencia. De seguro, otra viene a saciar la sed de tu pincel mojado. Sin embargo, siempre intentas descifrar los silencios cuando ellas me adulan a tus espaldas, como si yo te interesara también.

…una pintura más colgada en las inmensas paredes de tu galería.

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Bendita la gota que derramó el vaso

Empty historic courtroom with judge’s bench, lectern, and sunlight

Entró el jurado a deliberar luego de escuchar todos los testigos de mi defensa y de la fiscalía. El destino estaba en manos de estas doce gotas previamente seleccionadas por las partes y orientadas por el juez. El gran jurado: dos gotas de rocío frescas de la mañana, dos de lágrimas: una de alegría y otra de tristeza, una de saliva, tres gotas eróticas: una de semen y dos de fluidos vaginales, una de sudor, una de orín y dos de sangre tipo AB negativo con altos niveles de colesterol.

«Culpable» fue el veredicto. La gota de veneno, testigo de mi defensa, no pudo probar mi inocencia. El juez, una gota de güisqui dictaminó cadena perpetua. Mi madre, una gota de perfume francés llenó la sala de aroma de apariencias.  Mi padre, una gota añeja de vino tinto dejó escapar un grito de alcohol ante su insatisfacción por la sentencia.

Soy inocente, fui creada a la imagen y semejanza de una gota divina y mi destino estaba predeterminado: ser la gota que derrama el cáliz en cada eucaristía del obispo alcohólico en la capital.

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